Ficha 20 - Los dulces: caramelos y golosinas

Es difícil imaginar una infancia sin golosinas, chucherías, caramelos, dulces…

Los caramelos y golosinas se incluyen en un grupo diverso de alimentos, las chucherías o simplemente las “chuches”, muy apreciados y consumidos por la población infantil y adolescente. Llamaremos chucherías en esta ficha a las porciones sólidas, de textura dura o gomosa, cuyo componente principal son azúcares simples (mono o disacáridos) y aditivos encargados de proporcionar el aroma característico.
Aportan energía (entre 300 y 380 Kcal /100g) y prácticamente ningún micronutriente. Algunos estudios realizados en sociedades occidentales muestran que una proporción superior al 30% de su población infantil consume de manera habitual este tipo de productos. Por ejemplo, el estudio Thao 20151 realizado en 6.271 niños y niñas de 8 a 13 años encontró que un 20% de niños toma dulces o chucherías varias veces al día.

Son muchos los trabajos que demuestran la importancia de controlar el consumo de estos productos para evitar un desequilibrio nutricional de la alimentación de los niños, en el sentido de un exceso de azúcares y una menor disponibilidad de micronutrientes (vitaminas y minerales) que puede afectar a medio plazo a su salud. Como consecuencia, este desequilibrio puede aumentar el riesgo de malnutrición, por defecto (deficiencias subclínicas) y por exceso (sobrepeso u obesidad) y de otras enfermedades como la caries dental.

Sin embargo, es difícil imaginar una infancia sin golosinas, chucherías, caramelos, dulces… Por esto, como padres es importante educar a nuestros hijos para que estos pequeños placeres no alteren el equilibrio alimentario y sobre todo para que no les conduzca al sobrepeso y la obesidad.

Situaciones
Las “chuches” es una expresión popular que define a un grupo de productos dulces, que se presentan con formas, colores y sabores diversos. Como decimos, suelen ser alimentos de alto contenido en calorías y con poco o nulo valor nutricional.

Se pueden picotear a cualquier hora del día, en cualquier momento y lugar, y muchas veces en la calle, por lo que ocupan un lugar a tener en cuenta dentro de los hábitos de alimentación de los niños. Sabemos que a los niños les gustan mucho estos productos, como todo lo dulce, y muchas veces esperan la salida del colegio para que su mamá, su papá o la persona que los va a buscar les compre las chuches preferidas. En muchos lugares, muy cerca del colegio hay kioscos y tiendas donde venden chucherías.

Las golosinas y chucherías suelen tener colores vistosos, entran por la vista y son muy apetecibles, por lo que es difícil resistirse al pasar frente a alguno de estos establecimientos. En algunos casos, esta compra se convierte incluso en una rutina diaria. Aquellos niños mayores que disponen de una cierta cantidad de dinero a menudo a la salida del colegio lo destinan a comprar “chuches”.

En los supermercados y establecimientos de alimentación se pueden ver expositores de chucherías en la caja, mientras se espera para pagar. Son muchas las tentaciones a las que están expuestos los niños para comprar o pedir golosinas. Algunos niños aprovechan cuando están con los abuelos para pedírselas, pues saben que los abuelos a veces ceden más que los padres. Por otro lado, hemos de tener en cuenta que los dulces y golosinas también gustan a los mayores, quienes a veces compran por ese efecto gratificante de la oralidad. Y si los padres compran chucherías para ellos mismos, difícilmente van a controlar que lo tomen los pequeños, ya que tendrán mucha más permisividad hacia su consumo.

Nos enfrentamos a múltiples situaciones y momentos para consumir chucherías, ya sea por su amplia exposición, su atractivo, el deseo de gratificar a los pequeños, a permisividad de los mayores… Por esto es muy importante que los padres sean conscientes de es importante saber manejar estas situaciones.

Recomendaciones científicas

La OMS ha publicado recientemente nuevas recomendaciones sobre el consumo de azúcar en adultos y niños (2015); estas recomendaciones sugieren la necesidad de reducir a menos de un 10% de las calorías totales aquellas que proceden de azúcares simples (aproximadamente serían 200 kcal); una de las fuentes principales en ese aporte en la alimentación de niños y adolescentes son las golosinas y caramelos. Se considera que su consumo debe ser esporádico y en pequeñas cantidades.

Según las recomendaciones de las Asociaciones de Dietética y Pediatría, prohibir o eliminar por completo el consumo de estos productos puede no tener los resultados deseados, sino todo lo contrario.

La Asociación Española de Pediatría menciona en sus recomendaciones que no se puede privar a los pequeños del placer de los dulces, las golosinas y las chucherías, y menos aún si sus amigos los toman, pero se recomienda moderar su consumo.

Las chuches y las golosinas pueden consumirse pero siempre dentro de una dieta equilibrada y en cantidades moderadas ya que no es recomendable que los pequeños abusen del azúcar. Y, además, nunca han de substituir la fruta como postre.

Objetivos del comportamiento saludable
El objetivo que perseguiremos en esta ficha es doble:
1. En primer lugar abordaremos la pregunta: ¿Cuál sería la posición más adecuada de los padres frente a la oferta o no de chuches a sus hijos? ¿Se deben prohibir?
2. En segundo lugar, recogeremos estrategias (aunque queda mucho por investigar), consideraciones y algunas pautas que pueden ser eficaces en la educación nutricional de los niños respecto al consumo adecuado de caramelos y gominolas.

1. ¿Cuál sería la posición más adecuada de los padres y educadores frente a la oferta o no de chuches a los niños? ¿Se deben prohibir?
La evidencia científica actual muestra que en la adquisición de unos buenos hábitos alimentarios hay mayor eficacia en entrenar a los niños en el auto-control y la moderación en el consumo de dulces y caramelos que en restringir o eliminarlos total e imperativamente de su dieta. Es más, prohibir el acceso a alimentos “tentadores” puede tener consecuencias negativas. Teniendo en cuenta que es mejor no abusar de las chuches, los caprichos también tienen su momento.

Se pueden tomar de vez en cuando, en las fiestas, cumpleaños y otras ocasiones especiales. Lo importante es incluirlos en la dieta en una cantidad moderada compatible con una alimentación rica en los verdaderos protagonistas de una alimentación saludable: frutas, hortalizas, cereales, lácteos...todos aquellos que aportan muchos nutrientes. Así, aprendiendo a moderar su consumo, estos pequeños caprichos también le sentarán bien a su hijo y le procurarán un placer que agradecerá.

2. Estrategias/consideraciones y pautas
Partiendo de la respuesta anterior, está claro que se necesita investigar más en nuevas técnicas y estrategias para facilitar al niño que el consumo de chucherías sea esporádico y moderado: estrategias que afecten a los factores internos y del entorno que faciliten el cambio de comportamiento sin un alto grado de esfuerzo. En definitiva, lo que se buscará es hacer más fácil el camino más saludable.

Aquí se proponen algunas consideraciones de partida y pautas que pueden ayudarle en esta complicada tarea de que sus hijos aprendan a disfrutar de las chuches con moderación.
 

2.1.Estrategias/consideraciones
• Pensemos en los atractivos de las chuches: sabor dulce, texturas chulas, vista agradable, momentos divertidos… Y, ahora, busquemos formas de incluir estas características en otras preparaciones culinarias.
• Es importante que padres y cuidadores cuenten con alternativas a la pura restricción para evitar el abuso de chuches por parte de los niños. Estrategias basadas en el control de la disponibilidad de ciertos productos en casa (lo que no se ve, no se come) y de la cantidad dispuesta (siempre pequeñas porciones).
• Se puede proporcionar a los niños momentos en los que ellos puedan desarrollar autonomía y auto-regulación en el comportamiento alimentario. Presentar la tentación mientras que, al mismo tiempo se establecen determinados límites o guías para la moderación. Esta manera de actuar podría ayudar a conseguir el objetivo global de un correcto y equilibrado comportamiento alimentario.
• Son prometedoras las estrategias que incorporan el mindfulness a la alimentación, buscando una mayor consciencia por parte del niño o adolescente de su propia alimentación, que les ayude a la correcta interpretación de las señales de hambre y saciedad de su organismo.